Que manera de empezar el viaje, nos ponen en el avión la película Australia y creo que ninguno nos esperábamos semejante cosa, jodidamente mala, con momentos de una vergüenza ajena, plena y sincera como hacía tiempo que no veía. Ese intento de Memorias de África pero con una requetebotoxizada Kidman en lugar Meryl Streep, pasada por el tamiz épico de Lo que el viento se llevó, el pobre de Jackman no tiene ni por asomo el carisma de Gable. En fin, que nos reímos todos muchísimo, lo que pasa es que la película no pretendía ser una comedia… Lo más gracioso es que iba Amenábar en el avión… ¿que pensaría del último trabajo de su amiga?
Aterrizamos en medio de una tormenta de nieve y hace un frío del carajo…
Después de despertarme a las 5 de la mañana por el jet lag la primera para la hacemos en el Natural History Museum y el Planetario Hayden por petición de Giulia, cruzando primero a pie un Central Park precioso todo cubierto por la nieve, que parece una escena de Doctor Zhivago. En el museo da un poco de mal rollo tantísimo bicho muerto, pero resulta un sitio interesante. Eso si, no tienen el negro de Bañolas.
El Guggenheim, es como el de aquí, un edificio estrella para un contenido que puedes ver más y mejor en otros museos de la ciudad. Todavía no entiendo los guiris que van al de Bilbao en lugar de ir al Prado o al Reina Sofía. Eso si, con los ascensores rotos, la rampita del amigo Lloyd Wright se hace bastante cuesta arriba, un coñazo verdadero.
En el MOMA aluciné con la magnífica expo de Martin Kippenberger. Me encantaba antes y más me encanta ahora y desde luego lo del MOMA es un ejemplo de cómo montar una exposición extensa, completa y compleja, verdaderamente extraordinaria. Además el museo en sí es una colección extraordinaria. Desde luego que junto con el Met te dejan con la boca abierta, (menos mal que vimos el Guggenheim antes, por que si no éste hubiera resultado decepcionante). En esos sitios entiendes que Nueva York es otra cosa, ninguna ciudad del mundo tiene nada que ver. Precioso el cuadro de Tuymans.
Impresionantes las vistas del Rockefeller Center, además fue el primer dia que hizo bueno y Nueva York se veía espléndido.
En el Instituto Cervantes vamos a la inauguración de la expo de los premios ABC de los últimos diez años y descubrimos que aparte de mi obra (ganadora del ABC en 2004), están otras de mis amigos Germán Gómez, Moisés Mahiques y Santiago Ydáñez. Hablamos diez segundos con Fernando Castro Flores, en su salsa, (obviamente primero reconoce a Giulia y la saluda efusivamente, si es que al final la cabra tira al monte) y un poco más rato con Pilar, que dejó Roma por Nueva York y la Academia por la Fullbright, aunque los recortes presupuestarios del Ministero la están haciendo polvo. Es un poco triste volver a exponer con gente de la Academia, ver a Pilar y a Fernando, pero no estar todos y podernos ir a celebrarlo al Baretto…
Descubrimos el restaurante Sapporo, un japonés sin sushi, bueno, barato, y de servicio velocísimo, creo que cenamos allí como tres veces… cuando a Giulia le gusta algo…
Nos gastamos un dineral en compras, pero cumplimos todos los objetivos marcados, hasta María se compró una cosita de Armani en la 5ª Avenida, aunque solo fuera por contarlo.
Del Metropolitan es imposible hablar… te deja sin palabras… imposible verlo entero, no ya en un día, en meses… una colección brutal, extraordinaria y en lo que a cantidad se refiere, como el Louvre y el Prado juntos…
Desde luego no hay nada como Nueva York.
Aterrizamos en medio de una tormenta de nieve y hace un frío del carajo…
Después de despertarme a las 5 de la mañana por el jet lag la primera para la hacemos en el Natural History Museum y el Planetario Hayden por petición de Giulia, cruzando primero a pie un Central Park precioso todo cubierto por la nieve, que parece una escena de Doctor Zhivago. En el museo da un poco de mal rollo tantísimo bicho muerto, pero resulta un sitio interesante. Eso si, no tienen el negro de Bañolas.
El Guggenheim, es como el de aquí, un edificio estrella para un contenido que puedes ver más y mejor en otros museos de la ciudad. Todavía no entiendo los guiris que van al de Bilbao en lugar de ir al Prado o al Reina Sofía. Eso si, con los ascensores rotos, la rampita del amigo Lloyd Wright se hace bastante cuesta arriba, un coñazo verdadero.
En el MOMA aluciné con la magnífica expo de Martin Kippenberger. Me encantaba antes y más me encanta ahora y desde luego lo del MOMA es un ejemplo de cómo montar una exposición extensa, completa y compleja, verdaderamente extraordinaria. Además el museo en sí es una colección extraordinaria. Desde luego que junto con el Met te dejan con la boca abierta, (menos mal que vimos el Guggenheim antes, por que si no éste hubiera resultado decepcionante). En esos sitios entiendes que Nueva York es otra cosa, ninguna ciudad del mundo tiene nada que ver. Precioso el cuadro de Tuymans.
Impresionantes las vistas del Rockefeller Center, además fue el primer dia que hizo bueno y Nueva York se veía espléndido.
En el Instituto Cervantes vamos a la inauguración de la expo de los premios ABC de los últimos diez años y descubrimos que aparte de mi obra (ganadora del ABC en 2004), están otras de mis amigos Germán Gómez, Moisés Mahiques y Santiago Ydáñez. Hablamos diez segundos con Fernando Castro Flores, en su salsa, (obviamente primero reconoce a Giulia y la saluda efusivamente, si es que al final la cabra tira al monte) y un poco más rato con Pilar, que dejó Roma por Nueva York y la Academia por la Fullbright, aunque los recortes presupuestarios del Ministero la están haciendo polvo. Es un poco triste volver a exponer con gente de la Academia, ver a Pilar y a Fernando, pero no estar todos y podernos ir a celebrarlo al Baretto…
Descubrimos el restaurante Sapporo, un japonés sin sushi, bueno, barato, y de servicio velocísimo, creo que cenamos allí como tres veces… cuando a Giulia le gusta algo…
Nos gastamos un dineral en compras, pero cumplimos todos los objetivos marcados, hasta María se compró una cosita de Armani en la 5ª Avenida, aunque solo fuera por contarlo.
Del Metropolitan es imposible hablar… te deja sin palabras… imposible verlo entero, no ya en un día, en meses… una colección brutal, extraordinaria y en lo que a cantidad se refiere, como el Louvre y el Prado juntos…
Desde luego no hay nada como Nueva York.

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